Rufino se levantó rápidamente y fue a abrir la puerta.
Diego, tomándole la mano a Marina, entró en la casa, seguido por Renato y los demás. La puerta se cerró detrás de ellos.
Marina caminaba con una mirada llena de ansiedad y absoluta esperanza.
Iván ya había ido a abrir la puerta del cuarto y, al ver a un niño pequeño jugando con los audífonos puestos, pensó la situación que sería fácil de manejar.
Rufino se dirigió directo hacia otra habitación. Diego empujó otra puerta.
Cuando vio a la niña,