Ya estaba todo listo para la construcción de la escuela en la Aldea Robledo. El alcalde, contento, se despidió respetuoso de ellos. Marina y los demás regresaron a los Álamos.
Para corregir su error, Rufino le marcó apresurado a Aarón:
—Mucho gusto, soy Iván, ¿te acuerdas de mí? Estuve en la Aldea Robledo hace unos meses. Quería hablar contigo sobre el arrendamiento de las tierras, ¿tienes un ratito para charlar?
Aarón, al escuchar su voz, se ajustó en la silla, apagó la televisión y respondió c