—¿Estás segura? —preguntó Enrique, con incertidumbre.
¿De verdad Guillermo perdió tanto dinero?
Sandra asintió, con rostro serio.
—Su esposa me dijo que esta vez Guillermo apostó todo.
Enrique ya no pudo quedarse tranquilo. Se levantó y empezó a caminar de un lado a otro, con el rostro tenso.
—¡Eso no puede ser! ¡¿Qué carajo está haciendo ese idiota?! ¡Voy a hablar con él!
Enrique salió a toda prisa del estudio.
Mateo se quedó en silencio, pensativo. De repente, una idea cruzó rápidamente por su