Pero no podía ser tan directo. Lo único que le quedaba era minimizar las pérdidas.
—Eso, te lo buscaste, ahora quieres que te ayudemos a solucionarlo. Puedes ir a ver a Pablo y a los demás cuando quieras, pedirles algo de dinero a cada uno —le sugirió Mateo.
A Guillermo le pareció una buena idea. Si cada uno aportaba un poco, el dinero se reuniría rápido.
Mateo se quedó pensativo por un momento, y con un dejo de duda, preguntó:
—¿Te tendieron una trampa? ¿Verdad?
Porque si no, ¿cómo diablos se h