Por la mañana, Diego ya había calmado un poco su ira.
Cuando Marina se preparaba para ir al trabajo, sonrió y se acercó a Diego, pidiéndole un beso. Diego se agachó y le dio el beso con gusto.
—Te llevo el almuerzo a mediodía —le dijo.
Marina asintió y, sonriendo, se subió al auto.
A las 9:30 de la mañana, Marina estaba en la sala de reuniones de la empresa, lista para empezar una junta importante.
Antes de comenzar, marcó a Mateo.
—Buenos días, señor Mateo —dijo Marina con voz tranquila, pero c