Del otro lado de la línea, el abogado Mauricio habló con un tono serio, pero respetuoso:
—Señora Luna, mañana a las tres de la tarde, por favor, pase por la firma de abogados. Es sobre el testamento del señor Eduardo.
—Está bien —respondió respetuosa Luna, sin más.
Mauricio colgó y, casi de inmediato, se comunicó con los asistentes de Matías y Marina.
En ese preciso momento, Marina estaba en plena reunión. Fernando le pidió a Mauricio que esperara un momento, luego le pasó el celular a Marina, y