Sandra en ese momento llegó a casa de buen humor, con una sonrisa en el rostro, y le contó a Mateo entusiasta lo que había pasado cuando se cruzó con Luna ese día.
—¿Luna? —Mateo se sentó de golpe, su expresión de inmediato se tornó seria.
Sandra, al ver su cambio de actitud, le preguntó, algo confundida:
—¿Qué ocurre? ¿Te acuerdas acaso de algo?
Mateo se quedó pensativo por un momento, y de repente, como si se le hubiera encendido una bombilla en ese instante, dijo:
—Eduardo ya está muerto, y M