Mientras caminaba rápido directo hacia la puerta, sacó unos billetes de cien de su billetera.
Salió de la tienda y empezó a seguir al hombre y a la niña.
—¡Señor, espere un momento! —gritó.
El hombre se dio la vuelta, con una expresión de una ligera molestia en el rostro.
—¿Qué sucede?
—Se le cayó dinero —dijo Camilo, levantando los billetes con una sonrisa muy amable.
El hombre tranquilizó un poco su expresión, parecía estar menos alerta.
—Ah, gracias, pero no es mío.
Luego abrazó a Yulia y sig