Margarita observó cómo Diego se alejaba, sintiendo aún cierta inquietud en el pecho. Esa mirada suya hace un momento... demasiado sombría, incluso un poco aterradora.
Cuando Verónica y las demás vieron que el jefe ya se había ido, se acercaron rápidamente a Margarita.
Verónica, con un aire burlón, le puso la mano en el hombro y soltó:
—¡Vaya, cómo nos lo tenías bien escondido!
Margarita, desconcertada, respondió con una mueca de sorpresa:
—¿Escondido qué o qué?
Verónica, relajada, se cruzó de br