Marina sacó enseguida otro documento de su escritorio y se lo entregó a Fernando.
—Dale esto a Eva. Es el 5% de las acciones que le prometí. Y estate al tanto de cualquier novedad con Mateo —le dijo, con un tono directo.
Fernando obedeció y salió de la oficina con el papel en mano. En el pasillo, vio a Ricardo sentado en su silla, girando distraído de un lado a otro. Con una sonrisa cansada, extendió la mano y detuvo el giro.
—¿Qué tal? ¿Todo bien con el trabajo? —preguntó, medio en broma.
Ricar