—Nuestra jefa en realidad es bien buena onda, solo haz tu trabajo y mantén la boca cerrada.
Fernando, mientras manejaba, le daba instrucciones al joven que estaba en el asiento del copiloto.
Ricardo aceptó con una sonrisa inocente.
—Sí, Fernando, tranquilo, soy rediscreto.
...
Fernando no estaba tan tranquilo, de todos modos.
Ricardo era su compañero, y los dos habían tenido al mismo mentor, quien, por alguna razón, insistió mucho en recomendar a Ricardo para este cargo.
Marina estaba en la sala