La ropa cayó al suelo. Marina hizo como que se molestaba y le dio un golpecito suave en el pecho, sin fuerza, solo para hacerlo parecer coqueto.
—¿Olvidaste que Yolanda y Víctor están abajo esperándonos? —dijo, sin poder ocultar una sonrisa algo traviesa.
—No son niños —respondió en ese momento, acercándose a su oído y susurrándole algo con cierto tono sugerente—. ¿No lo deseas tú también?
Ambos compartían la misma mentalidad en ese aspecto.
Últimamente, Marina había estado tan ocupada que hacía