—Vamos a llevar a Yulia al huerto a jugar —dijo Marina, sonriendo mientras hablaba.
Luna hizo una pausa, como pensando, y luego respondió con un tono cálido:
—¡Qué bien! El aire del huerto le va a hacer muy bien. Que se diviertan mucho. Cuando tenga tiempo, yo la llevaré al circo.
—Perfecto.
Luna le dio cariñosa algunas recomendaciones más, pidiéndole que no se agotara demasiado y que cuidara de sí misma, antes de devolverle el celular a Eduardo.
Eduardo, aún preocupado, le recordó a Marina que