Vera sonrió y volvió a entrar al salón de música.
—Lidia, hoy lo hiciste muy bien. Ahora ve a descansar, ¿sí? —dijo con tono suave.
—Está bien —respondió Lidia, sonriéndole con cariño.
Cuando Lidia y la niñera salieron, Vera se quedó mirando a Armando con una expresión de preocupación.
—Señor, quiero irme al extranjero con los niños. Tengo que cuidar de Lidia y Augusto, son muy pequeños y no me siento tranquila dejándolos simplemente con la niñera.
Armando levantó una ceja, sorprendido.
—¿De ver