El corazón de Leticia latía a mil por hora, lleno de pánico y rabia.
Desearía poder darle un buen golpe a esa miserable mujer, con todo lo que tenía.
No podía perder más tiempo. Recogió las cosas más importantes y, con las manos temblorosas, arrastró con dificultad la maleta.
Se decía a sí misma, tratando de calmarse: Si logro salir del país, Diego nunca me encontrará.
Abrió apresurada la puerta del dormitorio y, de repente, escuchó unos pasos abajo.
Su corazón dio un salto total. Cerró la puert