Después de que la echaran de la mansión Cabello, Mafalda salió hecha una fiera, soltando cantidad de maldiciones por donde pasaba:
—¡Marina, ojalá te atropellen y te mueras, desgraciada!
Había llegado a Estelaria segura de que iba a sacarle un buen dinero a Marina, pero todo lo que consiguió fue terrible humillación y rechazo.
Metió las manos en los bolsillos y, al darse cuenta de que apenas tenía unas cuantas monedas, soltó un gruñido. Ni siquiera le alcanzaba para regresar a casa. Resignada y