Solo el chofer sabía exactamente a qué hospitales habían ido.
Eduardo ya tenía ligeramente sus sospechas, pero había querido creer que no sería capaz de traicionarlos. Después de todo, llevaba casi diez años trabajando para la familia y siempre lo habían tratado bien.
Sin embargo, la realidad le mostraba que en realidad no puedes confiar ciegamente en nadie.
Llamó de manera discreta a uno de los guardaespaldas y le dio una orden en voz baja:
—Agarra al chofer y que diga quién lo mandó.
El guarda