Luna llamó de inmediato a Marina.
—Marina, ven a cenar a casa esta noche. De paso, hablamos sobre los detalles de la fiesta de mañana.
Marina, que estaba junto a Diego en el sofá, le lanzó una mirada de disculpa antes de responder:
—Está bien, llegaré como a las seis.
Colgó y se dio la vuelta hacia Diego, abriendo y cerrando los ojos de una manera exagerada con una sonrisa de niña traviesa.
Diego arqueó una ceja, entre resignado y molesto.
—Ni lo intentes. No quiero escucharte.
La cena romántica