Pero cuando Yolanda le pidió ayuda, Diego no pudo ignorarla.
Del otro lado de la línea, la voz de Victor sonaba angustiada, llena de una ira indescriptible.
—No estoy usando métodos tan bajos. Los padres de Yolanda son unos miserables, y lo único que quiero es que ella vea quiénes son en realidad.
Diego apretó los dientes, su tono se volvió más seguro y directo:
—Los sentimientos no se ganan manipulando, Victor. Si sigues así, lo único que lograrás es que ella termine alejándose aún más de tí.
V