Capítulo 395
Eduardo llegó a casa con una sonrisa de oreja a oreja que iluminaba su rostro.

Se dirigió directo al jardín trasero, donde Luna cuidaba con delicadeza sus flores. Apenas pudo contener la emoción:

—Amor, tengo algo increíble que contarte.

Luna dejó las flores a un lado y lo miró con cierta curiosidad:

—¿Qué pasó? Tienes una cara de felicidad que ya me tienes intrigada.

Eduardo tomó cariñoso sus manos con seguridad, y con los ojos llenos de emoción, dijo:

—Encontré a nuestra hija.

Luna se llevó la
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