Diego conocía muy bien a las familias de los compañeros de su hija y sabía que Ismael pertenecía a los Uriarte.
En el camino, Yulia no paraba de contarle con entusiasmo todo lo que había hecho en la escuela. Su sonrisa, dejando ver sus pequeños colmillos, la hacía ver aún más encantadora. Diego la escuchaba con mucha atención, respondiendo de vez en cuando con gratos comentarios que animaban aún más la conversación.
Al llegar a casa, entregó a Yulia al cuidado del mayordomo. Se agachó a su altur