Ya habían elegido la guardería para Yulia, y Marina sugirió:
—¿Qué te parece si cocinamos esta noche e invitamos a Yolanda a casa?
—Como tú digas —respondió Diego, aceptando.
Marina, contenta, no dudó en llamar a Yolanda de inmediato.
El sonido del celular despertó a Yolanda. Todavía medio dormida, estiró la mano sin abrir siquiera los ojos, lo agarró y contestó, con un tono de voz apagada:
—Sí, iré esta noche.
Víctor estaba sentado en el borde de la cama, perfectamente arreglado. La observaba c