La casa que Enzo había alquilado se encontraba en un callejón estrecho y bastante descuidado, donde el olor a alcantarillas aún impregnaba el ambiente.
Durante sus años en prisión, Mafalda casi había dejado atrás sus hábitos extravagantes, pero al entrar en aquella habitación pequeña y humilde junto a su amado hijo, no pudo evitar que las lágrimas cayeran por su rostro.
El lugar apenas tenía espacio suficiente para una cama, una mesa y un baño insignificante. Todo resultaba elemental, oscuro y o