—¿Mandarlos al extranjero?
—Sí, prepárate, porque no te va a dejar ver a Lidia y Augusto tan fácilmente.
Leticia agradeció a Vera antes de colgar, apretando el celular con tal fuerza que ni siquiera sintió el dolor en las manos. De repente, su rostro se ensombreció, mostrando una ira reprimida. Al instante, con un movimiento brusco, barrió la mesa, haciendo que los objetos cayeran al suelo de un golpe.
—¡¿Cómo puede Diego querer mandar a Lidia y Augusto al extranjero?! —gritó, llena de furia.
La