—Sigan adelante, no se preocupen por nosotras —dijo Marina mientras cubría rápidamente los ojos de Yulia. Con una sonrisa cargada de frustración, abrazó a la pequeña y salió del lugar con prisa.
Yolanda, sonrojada por completo, apartó a Víctor de un empujón.
¡Qué bochorno tan grande, que Marina la hubiera encontrado en una situación como esa!
Víctor, con su habitual aire despreocupado, se pasó la lengua por el labio herido por la mordida.
Con toda naturalidad, le acomodó un mechón de cabello a Y