Las palabras de Viviana fueron profundamente ofensivas.
Sin embargo, la anciana aceptó y añadió con serenidad:
—Las jóvenes deben aprender a valorarse a sí mismas y dejar de buscar atajos fáciles.
Marina, manteniendo la compostura, le dirigió una mirada sombría antes de responder:
—Qué amable es usted de su parte, señora.
Sin perder tiempo, giró su atención hacia Viviana y, con una voz calmada pero cargada de ironía, agregó:
—Señora Viviana, quizás debería compartir ese consejo con su hija. Díga