Camilo estaba de pie frente a la habitación 1201. A través de la pequeña ventana de vidrio en la puerta, observó atento en silencio cómo Diego alimentaba a Marina con una cuchara de sopa. Sus cejas se fruncieron levemente antes de darse la vuelta y alejarse con pasos firmes, inmerso en sus pensamientos.
Recordaba muy bien la razón que lo llevó a colaborar con Nicolás en el pasado: unos amigos extranjeros le habían contado sobre los logros de este último. Le mencionaron que, durante su estancia e