Marina se preparó para levantarse, decidida a examinar con más detalle la clavícula de Diego. Sin embargo, en ese preciso momento, el sonido de su celular, que había dejado sobre la mesita de noche, la interrumpió.
Diego, que descansaba a su lado, abrió de inmediato los ojos al escuchar el timbre. Al notar que Marina ya estaba despierta, le preguntó con voz áspera, como si aún estuviera arrastrando el sueño:
—Marina, ¿te sientes mal?
—No, es solo el celular —respondió ella apresurada.
Con suavid