Aquella mañana, tras dejarla frente a la casa de los Quiles, Diego partió. Apenas se aseguró de que él se había alejado lo suficiente, ella abordó de inmediato un taxi que la llevó directo al hospital.
El médico inició la consulta con un enfoque cuidadoso, hablando primero de asuntos generales antes de abordar el motivo de su visita. Su tono era medido, casi como si quisiera ganar tiempo.
—Señorita Marina, usted...
Pero antes de que pudiera continuar, la puerta del consultorio se abrió de golpe.