Justo cuando Diego iba a besarla, Marina fingió toser y giró un poco la cabeza.
Aunque había decidido admitir que estaba padeciendo paranoia, algo en su interior seguía aún sin encajar.
Lo lógico habría sido que, al ver a Diego regresar sano y salvo, lo abrazara con fervor y lo besara profundamente.
—Vaya, qué raro todo esto… ¿será que me estoy resfriando con tanto calor? —dijo Marina, algo seria mientras se limpiaba la nariz.
Diego la observó con intensidad, preocupado por el cambio tan radical