Marina se recordó a sí misma que no debía ser tan paranoica. Era evidente que alguien estaba intentando perjudicarla últimamente.
No estaba enferma, y eso lo tenía muy en claro.
Desde la puerta del salón, Camilo observaba atento con una mirada sombría a los dos abrazados en el centro de la habitación.
Sus miradas se cruzaron brevemente, pero ambos apartaron los ojos al instante, como si fuera un ligero gesto calculado.
Sin pronunciar palabra, Camilo se colocó apresurado su abrigo, su rostro impa