Alguien estaba intentando perjudicarla.
Marina frunció el ceño, reflexionando con seriedad sobre la posibilidad de cambiar de hospital y consultar en otra área de psicología. No podía permitirse aceptar un terrible diagnóstico de paranoia.
A su lado, Camilo la observó de reojo, notando cómo luchaba por mantener la compostura.
—Es una serpiente verde, no es venenosa. Quédate afuera, yo me encargo de todo.
Con el abrigo en mano, se dirigió al interior. Sin embargo, Marina lo detuvo con fuerza suje