—Con todo el equipo que me diste, si no logro hacerlo sería entonces una completa inepta —afirmó Marina con calma y una leve sonrisa.
—Nada mal. Pero entonces, como recompensa, hoy te prepararé algo yo mismo —dijo Diego, sonriendo.
La expresión seria de Marina se desmoronó de inmediato. ¿Eso era un premio acaso? Con lo desastrosa que era su cocina…
—No y no, la que debería recompensarte soy yo. Para agradecerte por tu ayuda, esta noche yo me encargo yo misma de la cena —respondió rápidamente, so