Marina aún no había despertado del todo. Sentía un peso abrumador sobre su cuerpo, como si alguien la presionara contra la cama.
Al abrir los ojos, se encontró con una tenue luz encendida en el dormitorio y el rostro atractivo de un hombre que la miraba con intensidad.
Su mandíbula estaba tensa, y su torso musculoso, ahora al descubierto, irradiaba una fuerza imponente.
—¿Cómo entraste? —preguntó, aún aturdida.
—Tengo una llave —respondió Diego, notando que ella empezaba poco a poco a despert