La oficina estaba sumida en la completa penumbra. Las cortinas, bien cerradas, bloqueaban cualquier rayo de sol. Marina entró atenta con una taza de café y, al instante, se vio envuelta en un ambiente sombrío.
—Marina, ¿cómo piensas darle una lección a esa Eloy? —preguntó una voz grave.
Marina sorprendida encendió la luz.
Sus ojos se adaptaron a la claridad y se posaron en el hombre sentado en el sofá, con las piernas abiertas y una actitud desafiante. Su mirada denotaba frustración.
—Aún no ti