Por suerte, en la sala de descanso había varios trajes de repuesto. Después de terminar su sándwich, Luis fue a cepillarse los dientes. Con la mirada burlona de Marina encima, se apresuró a ponerse el traje.
Al salir, ella sostenía una corbata. Luis levantó el mentón.
—Marina, ¿no crees que esa corbata es bastante fea?
Marina, sin inmutarse, le ató la corbata con total destreza.
—Tu gusto en realidad es pésimo —replicó.
Luis la miró de reojo.
—Acabo de darme cuenta de algo.
Marina levantó la vis