Marina no sabía cómo describir lo que sentía.
Al salir de la comisaría tras dar su declaración, se subió al auto, todavía empapada en sudor.
Sus labios estaban pálidos.
Esas personas tarde o temprano descubrirían que fue ella quien los delató.
Años atrás, cuando dejó el orfanato, Marina y César pensaron ingenuamente en ir a la policía, pero algo los frenó.
Esa gente no era buena. Para ellos, una vida solo representaba una cifra en sus bolsillos.
Marina encendió el auto, mordiéndose los labios su