Marina dejó con cuidado la bolsa en el asiento del copiloto y se frotó la cara.
—Bueno, ya la compré.
Al llegar a la planta baja, llamó a Yolanda para que bajara y fueran a comer juntas.
—Marina.
Alguien golpeó la ventana del auto.
Marina sorprendida miró y vio a Quiles.
Levantó una ceja y abrió la puerta, avisando primero a Yolanda que subiera.
Dentro del vehículo, Camilo tomaba café mientras revisaba atento documentos.
Marina se sentó a su lado y lo miró ansiosa.
—¿Necesitas algo? —preguntó su