Cuando abrió los ojos vio el rostro de Sergio sobre el suyo. ¿Cuánto tiempo llevaba así, mirándola?
—Me he dormido.
—Sí, llevas una hora como catatónica.
—¿Tú también has dormido?
—No, yo llevo una hora como catatónico, mirándote.
La acarició con ternura.
—¿Cómo te sientes?
—De maravilla… —lo besó—. Aunque un poco flojucha. Me has dejado sin fuerzas.
—Me alegro, ése era mi propósito. ¿Sabes lo que necesitas? ¡Calorías! Voy a preparar algo de comer —se levantó de un salto. Estaba desnudo y Laura