La ducha se alargó algo más de lo planeado y, cuando salieron, eran ya las diez de la mañana. Subieron por la calle Alfonso XII y luego bajaron por Alcalá, tomados de la mano.
—Tengo hambre. Ni siquiera me has dado de desayunar.
—Pues yo he desayunado muy bien en la ducha. Pero, como soy un caballero, voy a invitarte a tomar un opíparo desayuno.
Desayunaron en un VIP, dedicándose a despellejar a todos los que veían. Era divertido especular sobre quién sería aquel que tenía cara de volver de una