Pasearon cogidos de la mano por las calles del barrio, Nuria acurrucada contra él, sonriendo complacida por el hecho de que su precipitado y alocado plan hubiera resultado ser tan sencillo de llevar a cabo.
Jared por su parte caminaba como en una nube. No le molestaba la fresca brisa de la noche; todo lo contrario, la agradecía. Enfriaba su piel, que en esos momentos estaba a punto de entrar en combustión. Su amiga estaba pegada a él y su cuerpo era tan dulce y suave que parecía estar hecho de