No podía contarle nada muy llamativo, porque entonces Jared, que de tonto no tenía un pelo, se extrañaría de no haberse enterado por Román, y se lo preguntaría al día siguiente durante el desayuno. Y si el peluquero no estaba enterado de un robo en el barrio —cosa fácil, ya que no había ocurrido—, haría lo imposible por enterarse, y como era mentira lo descubriría y ella quedaría como una embustera, cosa que no era su intención. ¡Dios que jaleo!
Jared deslizó los dedos por las mejillas de la mu