—¿Por qué no entras un rato? —le preguntó Nuria frente a la puerta de su piso, con las llaves en la mano.
—No me parece adecuado —respondió él mirando a su alrededor. No creía que a Dolores le hiciera mucha gracia que se metiera en su casa. Al fin y al cabo, por mucho que ella le hubiera ayudado, él no dejaba de ser un sin techo.
—¿Por qué, por el amor de Dios, no te parece adecuado? —inquirió Nuria frunciendo el ceño al observar la mirada inquieta de Jared.
—No estaría bien.
—¡No digas chorrad