Capítulo 30: Una esperanza.
La noche había caído sobre New York, y los pequeños Gabriel y Emma, tomaban las llaves con sumo cuidado para no hacer ningún ruido, y con la misma precaución abrían la puerta de la entrada principal. Estaban decididos, durante el día, la escuela, su nana, los sirvientes o su madre, los mantenían bajo constante vigilancia, y solo la noche les daría la libertad para realizar su objetivo.
—Es hora, vamos, dejaremos un mensaje a papito en la piscina, y le diremos que nos busque en nuestra casa. —