Capítulo 63

Gran parte del patrimonio me lo dejó a mi, su única hija. Y ¿porqué será que no me extraña? Últimamente me declaraba su amor bastante amenudo.

- ¿Estamos todos?--- levantó la mirada el abogado de sus papeles. Nosotros estamos sentados cada uno en su silla esperando a que empiece y termine ya todo el proceso.

- Tranquila--- besó Felipe mi mano. Todo va a salir bien, verás.

Minutos de silencio en los que miramos al abogado viendo fijamente unas hojas debajo de sus ojos.

- Hubo un cambio--- carraspeó el letrado--- de última hora. El Sr Smith dejó un video con la petición de que todos lo vieran. Por favor--- indicó el letrado con su mano hacia la gran pantalla que tenía en la pared de enfrente. Nuestras miradas se centraron en ello.

En el video,Michael explicaba detenidamente que la única mujer que alguna vez amó, fue mi madre. Que agradece todo el tiempo que le dedicó y el cariño que le brindó. Lloraba como un niño pidiendo perdón a todo aquel con el que se equivocó. Daba lástima de verdad. Era mi padre biológico a pesar de todo, y aunque no quisiera reconocerlo, empecé a darme cuenta que de algún modo le tenía un cierto cariño. Independientemente de como se comportó, si mi madre lo perdonó por todas las faenas, ¿quién era yo para negarle este derecho?

Miré alrededor y vi que no había nadie en la sala que no soltara una lágrima siquiera. Sus amigos, su sobrino, que hasta ese día no tenía ni idea de que existía, mi madre que intentaba esconder su llanto pero no le fue muy fácil, y hasta yo que me mantenía recta y dura todo lo que podía, lloramos, algunos más y otros menos.

La lectura del dichoso testamento nos dejó a todos boquiabiertos. Ninguno tenía conocimiento del patrimonio tan amplio que gestionaba mi progenitor.

- La casa en la que viví mis últimos años con mi bellísima Lucrecia, se la dejo a ella. Me aguantó con mis porquerías, mis idas y vueltas cuando era joven. Y ahora sobran las palabras. Me hubiera encantado pasar más tiempo don ella , pero imagino que el karma hace de las suyas. No supe aprovechar la oportunidad que me dio la vida hace muchos años atrás; mi hija, la mujer de mi vida, mi familia, todos me aguantaron y no fue justo. Recompensaré a todos un poco. La empresa y la isla se la dejo a mis hijas---los murmullos de sorpresa no se hicieron esperar demasiado. Pero todo se redujo a un silencio total cuando escuchamos lo siguiente: ---" sorprendidos , ¿verdad?"--- su risa burlona se escuchó en toda la sala---Isabel es mi hija, pero Lorena se ha convertido en una hija más en muy poco tiempo. Es imposible no quererla con lo dulce que es.

Una lágrima se deslizó por mi mejilla y mi Felipe me la limpió suavemente con sus dedos.

--- "Es lo menos que le debo a un hombre tan grande como fue Carlos y al que espero ver en el más allá para agradecerle por ser un padre verdadero cuando yo no lo supe ser. A mi sobrino le dejo el rancho de Dallas, el sabrá como manejar todo aquello. Desde pequeño ha querido ser un hombre de negocios como su tío--- rio otra vez con ganas--- confío en que sabrá sacar eso adelante y ser un buen accionista en la empresa junto a mis hijas y Felipe. Te la confío Felipe, sé que mi hija está en buenas manos---suspiró llorando. --- Os dejo chicos...tengo toda la fé del mundo que seréis una familia, tanto lejos como cerca.

Después de eso el letrado nos entregó a cada uno una carta , corta pero emocionante.

"¡Perdóname Lucrecia! No supe como hacer las cosas contigo. Cuando me dijiste que estabas embarazada me volví loco, vi como mi vida llegaba a un callejón sin salida y mi inmadurez me obligó a comportarme como un cretino. Desaparecí de tu vida llevándome por delante toda tu esperanza de que las cosas salieran bien. Egoístamente volvía y os miraba desde la sombra y me sentía como una basura cuando veía que mi hija ya tenía un padre, como yo no quise ser. Hui como un cobarde que soy. Erais una familia y yo no tenía ningún derecho de irrumpir en vuestra vida. Podría estar escribiéndote otras mil páginas suplicando por tu perdón, pero eso no va a borrar tus lágrimas y el sufrimiento que os causé"--- vi a mi madre llorando a mares, arrugando la hoja y llevándola al pecho. No quería seguir su ejemplo, por lo que la abracé y tragué mis lágrimas y mi dolor por ella.

- Ya está bien mamá, ya pasó--- articulé sin ganas . Acaricié su espalda por largos minutos y me quedé tan cerca como pude. Se quedó dormida en mi cama y la cubrí con la manta. No quería despertarla aunque daba la sensación de tener pesadillas porque cada dos por tres hablaba en sueños y suspiraba profundamente como un niño que ha llorado por mucho tiempo por haber perdido su juguete favorito.

Salí de la habitación y me encontré con una imagen que derulaba por delante de mis ojos como una película repetitiva. El entierro, la muerte de aquel que fue mi padre biológico, mi madre sufriendo una y otra vez por la pérdida de los hombres que amó con devoción. Mientras me encaminada al cuarto de huéspedes donde estaba Felipe, pensaba una y otra vez en todo y en nada; en cada uno de los momentos vividos y en qué hubiera sido si...Sacudí mi cabeza, ya no tenía ningún sentido en dar vueltas. Claramente era una pérdida de tiempo bastante significativa, ya que el tiempo no volvería jamás y lo vivido no podría borrar las huellas de aquello.

La respiración pausada de Felipe me dio a entender que estaba bien dormido. Me eché a la cama a su lado, y boca arriba miré el techo por un largo tiempo. Limpié una lágrima traicionera que se deslizaba por mi mejilla, y respiré profundamente.

- ¿Qué pasa mi vida? ¿Estás bien?--sentí los brazos de mi marido atrayéndome hacia el. Besó mi coronilla y luego mis lágrimas que no dejaban de salir.

Lloré. Lloré largo y tendido. Todos los acontecimientos que tuvieron lugar en mi vida últimamente, me hicieron ver la vida de otra manera. Más profundo y con más atención. Aprendí a darle el lugar merecido a cada detalle que parecía ni existir.

Nos quedamos abrazados hasta que el sueño se apoderó de nosotros. De golpe sentí que mi marido se apartaba de mí, aunque era consciente de que era solamente un sueño. Me desperté empapada en sudor y con la respiración tan agitada que parecía que había corrido un maratón. Me senté de culo y pasé las manos por la cara. Por mi mente pasaban imágenes del sueño que parecía una premonición y sacudí la cabeza quitándole importancia. Era tan real , el sentimiento que todavía habitaba en mi ser, mi marido que me amaba con locura y los dos niños que correteaban alrededor nuestro. De repente el sueño parecia roto de un cuento;una niña, mi Sofía que ya era una señorita , y Carlos Dennis, el hijo que todavía no había nacido, un adolescente rebelde como su padre.

Nosotros ya éramos unos quince años más mayores junto a mi madre que amaba con locura a sus nietos, y mi Lorena en sus primeros meses de embarazo.

Todo se asentó como tiene que ser, después de todo. No sé si nuestros seres queridos de ahí de arriba han hecho algo para eso, pero sigo teniendo el pensamiento y la convicción de que algo tan grande habita entre nosotros y en nostros; algo que arregla todo desarreglo que puede causarte la vida. Sigo recordando las palabras de Michael, deseaba encontrar a Carlos en el más allá para agradecerle todo el amor que me había brindado. Y no era para menos, pues gracias a el soy la mujer, madre e hija que soy hoy en día.

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