Pocos días después de nuestra boda, Michael tuvo una recaída de la que no se recuperó. Me vi obligada a visitarlo la primera vez. Todas las veces siguientes lo hice por educación y porque de alguna forma le tengo que agradecer. Gracias a el estoy en este mundo y no es poco. Decidí ser su compania y hacer todo lo que está en mis manos para contentarlo. Nos reuníamos mucho en su casa y manteníamos un ambiente familiar. Aún así su estado no mejoraba; se veía decaído y muy delgado. Claro está que la enfermedad le estaba quitando las ganas de luchar, dejándole sin fuerzas.
- Michael quiere hablar contigo --- interrumpió mi madre el juego con mi niña.--- a solas hija--- sonó su triste voz . Aparté la mirada de Sofía y me levanté del suelo en cuestión de segundos. Ella se agachó y abrazó a mi hija. Por un momento pude sentir su dolor, pero me tenía que mantener fuerte como diera el lugar.
La habitación estaba iluminada por una luz ténue, ya parecía un hospital. El olor a medicina llenaba el lugar de un aíre bastante enfermo. Pobrecito Michael estaba tendido en la cama, el mueble que le acompañó desde hace ya meses. La enfermera que le estaba cuidando le levantó la cabeza y removió la almohada para que estuviera un poquito más en alto. De esa forma no cansaría tanto su mirada.
-Quédate--- susurré cuando la señora quiso abandonar el espacio--- por si la necesita---sonreí triste. Ella ocupó la silla a dos metros de distancia.
- Hija--- escuché la voz apagada de Michael--- ven , acércate--- suplicó. Se veía con ganas de levantarse y de tender la mano hacia mí, pero se quedó en el intento.
- No hagas ningún esfuerzo, ya estoy aquí--- me acerqué un poquito más y quedé agachada encima de su cama. Los aparatos ya estaban desconectados y eso solo significaba una cosa. Eché una mirada fugitiva por toda la habitación y me di cuenta de que todo parecía un salón de hospital . Sacudí mi cabeza para quitarlo de mi mente para así prestarle la atención necesitada al que era mi padre biológico.
- ¿Cómo sigues? --- una risita insonora apareció en sus labios.
- Estuve mejor que hoy---arrastró las palabras como pudo--- en mis épocas buenas.--- Esperé con paciencia que dijera lo que quería. Era lo mínimo que podía hacer por el.
- No te preocupes, estarás bien muy pronto--- ya no sabía como darle ánimos, todos sabíamos que era tan imposible su recuperación.
- Quería hablar--- tosió despacio--- contigo...--- la enfermera se acercó de prisa y le levantó la cabeza mojándole los labios.
- Me estoy ... --- tosió despacio--- secando--- susurró.
Aunque no fui nunca muy cercana a él, verle así me partía el corazón. Era imposible no tenerle lástima a otro ser humano en esta situación tan delicada. Por otro lado,mi madre sufría muchisimo y lo que más me pesaba era el destino tan cruel que tuvo desde joven. Con una niña pequeña tuvo que salir adelante sola hasta que la vida le puso por delante a Carlos, el ser más maravilloso que conocí en toda mi existencia.
Michael respiró despacio varias veces. Yo le miraba con admiración; tiene que ser muy difícil aguantar alguna maldita enfermedad, y más sabiendo que después de todo el dolor lo que te espera es nada más y nada menos que la inevitable muerte.
- Estoy mejor--- dirigió el comentario a la enfermera que se apartó sin chistar. El agradeció cerrando los ojos despacio para luego mirarme a mi. Se veía cansado.
- Yo ya quiero irme hija --- lo dijo de golpe viéndome fijamente.
- No digas eso, te quedan tantas cosas por hacer--- tendí la mano y le acaricié pasándola por encima de la suya. Intenté poner ojitos de alguna forma para no mirarle con lástima.
- Te pido perdón por todo el daño que te he hecho--- una lágrima se le cayó mojando su mejilla. Y luego otra. Dios mío, no quería verle así.
- No...
- Es necesario hija, yo ya me voy---arrastró una por una las palabras--- puso su mano encima de la mía y me agarró con fuerza.--- Eres lo más grande que me ha dado la vida y no supe valorarlo...
- Te perdono--- solté interrupiendolo. Rompí a llorar y dejé caer mi cabeza en la cama junto a él. Michael acarició mí cabeza.
- Ya me voy tranquilo--- un hilo de voz salió de sus labios. Mi llanto cubrió el silencio de la habitación. Su mano paró de repente. Levanté mi cabeza y entre lágrimas pude ver como cerraba los ojos lentamente. Tenía la cara llena de lágrimas al igual que yo. Sequé mis mejillas con el dorso de mi mano y me puse de pie.
- Papa--- me agaché y toqué su cara. Grité a todo pulmón y seguí llorando. Entre lágrimas vi a la enfermera tomándole el pulso. La puerta de la habitación se abrió de par en par y mi madre corrió hacía la cama. En el intento de apartarme, me di cuenta de que la mano de Michael todavía apretaba la mía.
- ¡Michael! --- El grito de mi madre me hizo volver a una realidad muy difícil de digerir. Sentí los brazos de mi marido apoyándome cuando mi cuerpo estuvo a punto de fallarme. Salimos dejando a mi progenitora atrás gritando su dolor.
Michael se fue. Según la enfermera , una persona muy sentida y profesional, la última persona que vio fue mi madre. Después de salir nosotros, el abrió los ojos para mirarla a ella. Su último suspiro fue un "te amo" hacia la mujer que ,según las revelaciones de Lucrecia, fue la mujer de su vida. Este hombre, que hoy recordamos como un ser querido y que dentro de lo que cabe , antes de irse pidió perdón por todo aquello que rompió en su vida.
El entierro nos juntó a todos, familia, amigos y conocidos.
- Michael Smith Logan fue un hombre maravilloso, según la señora Lucrecia--- el cura empezó el discurso de despedida en el entierro. Éramos unos cuantos que nos juntamos para despedir a un gran hombre según el sacerdote.--- Michael fue un gran apoyo en nuestra ciudad, pues abrió un orfanato donde los niños se sentían como en casa. Cada uno de ellos celebraba su cumpleaños como cualquier otro niño, con su fiesta , tarta, amigos, juegos. Cada cierto tiempo les organizaba una excursión en un lugar que se elegía por sorteo. Madre Isabel--- hizo una pausa mirándome a los ojos y yo casi me caigo--- se llama.--- Mis piernas parecían gelatina, si no es por Felipe , me recogerían del suelo. Miré a mi madre que estaba a mi derecha y ella me vio de reojo limpiando una lágrima con su pañuelo de un blanco inmaculado.
En el funeral, algún que otro familiar o amigo, quiso decir unas palabras.
- Hoy recordamos a nuestro hermano Michael como a uno de los mejores benefactores que ha tenido nuestra ciudad--- otro que halagaba al Santo Michael. --- La casa hogar que hemos construido en el centro , se ha levantado toda y enteramente con su dinero. Sin el no lo podríamos haber hecho nunca.
- Jesús, a estas alturas me doy cuenta de que ese hombre era un total desconocido para mi---le digo a mi madre cuando todo terminó.
- Y lo que te falta por descubrir--- declaró mi progenitora viéndome con una sonrisa.
Días después nos citaron para la lectura del testamento. Faltaba mi madre por llegar. Ni yo sé porque me sentía tan nerviosa, pero veía la puerta cada dos segundos y golpeaba el suelo con el tacón. Felipe que por mi estado no me dejaba sola ni por un instante, sujetaba mi mano y de vez en cuando besaba el dorso. De golpe Lucrecia entró como un huracán.
- Perdón---rio nerviosa--- pero pinché y tuve que llamar a la grúa. No soy mujer para cambiar ruedas de coches.
Reímos tímidamente. Se sentó a mi lado y me dio un beso en la mejilla. La lectura tomó como una hora larga,pues mi padre tenía mucho patrimonio. Aún así, la familia no era tan grande, algunos primos que estaban esperando para heredar y nosotros, aparte de los amigos más fieles que eran tres para ser más exactos.