Al llegar a mi casa, me encontré con un bello regalo: la nota de mi casero avisándome que estaba atrasada con la renta del mes. ¡Vaya sorpresa! Estaba a punto de renunciar a todo, ¡y colgarme de un árbol o algo así!
De repente, tocaron a la puerta. Abrí y me encontré con un hombre que vestía un uniforme impecable y muy elegante.
-Sí, ¿qué necesita? -le pregunté, barriéndolo con la mirada.
-¿Es usted la señorita Juliana Vázquez? -me preguntó con mucha educación.
-¡Sí, soy yo! -respo