Mientras tanto, en las calles de Miami, la policía continuaba con el despliegue y las patrullas daban vueltas por toda la zona, pero la búsqueda de Verónica y el niño seguía estancada. Mauricio estaba completamente desesperado; el dolor y la impotencia lo estaban carcomiendo vivo. Caminaba de un lado a otro junto a su auto, pasándose las manos por el rostro, sin saber qué hacer ni a dónde ir para encontrarlos.
Sentía que el tiempo se le iba como agua entre los dedos. La pista de la agencia de