Gabriela soltó las manos de Verónica con brusquedad, abrumada por la presión de tener que testificar. Dio unos pasos hacia atrás, negando con la cabeza mientras el pánico se reflejaba en sus ojos.
—No puedo tomar una decisión así ahora mismo, Verónica —dijo Gabriela, con la voz entrecortada—. Me iré a un hotel diferente. Necesito unos días para pensar con claridad, asimilar todo esto y decidir qué haré con mi vida. No es tan fácil como crees.
En ese preciso instante, el agudo sonido de un c