Verónica se inclinó despacio hacia el pequeño, quedando a su misma altura. Al tenerlo tan cerca, el corazón le dio un vuelco violento. ¡Era él! No tenía ninguna duda. Verónica había pasado noches enteras memorizando cada detalle de la foto de su hijo, y ahora, al ver esos hermosos ojos color miel en persona, reconoció a Santiago de inmediato. Era su niño, el hijo que le habían robado hacía cuatro años.
Sintió un nudo enorme en la garganta y la emoción la desbordó. El pequeño la miraba fijamen